LA HISTORIA DE LA RAZA MADRE

La Patria se hizo a caballo, la ganadería con Shorthorn

La formación y desarrollo de la ganadería argentina debemos dividirla en dos etapas. La primera corresponde al siglo XIV, con la llegada de los conquistadores y la colonización española. Y la segunda fase, o sea la de la mestización del ganado criollo, arranca en el siglo XVIII con la introducción del primer vacuno de raza “Durham”: tarquino. Los primeros datos de la entrada de vacunos al litoral argentino y luego a Buenos Aires, se remontan a unas tropas traídas por el adelantado don Juan Ortiz de Zárate de las estancias de Charcas y Tarija. El camino que siguieron estas haciendas desde el norte fue pasando por campos paraguayos y llegando primero a Santa Fe. Es así que el 15 de noviembre de 1573 don Juan de Garay – brazo derecho del adelantado Juan Ortiz de Zárate – fundo a Santa Fe de la Vera Cruz y trae consigo los primeros vacunos, lanares y yeguarizos. Los vacunos que trajeron los conquistadores españoles, pertenecían a las conocidas razas “Andaluza”, “Lidia” e “Ibérica” como las llamó Samson. Ellas gozaban de muy buena fama y aún no representan el típico ganado vacuno de la península Ibérica. Demás está imaginar lo que significo para estas haciendas las condiciones privilegiadas de clima y suelo, con la abundancia de pastos naturales. Rápidamente se difundieron y constituyo el origen del vacuno criollo del siglo pasado. Los albores de la mestización o sea lo que llamamos la segunda etapa de la ganadería argentina, está representada por la introducción del primer reproductor vacuno de raza pura, que fue traído de Gran Bretaña y se llamo “tarquino”. Corresponde el mérito y el haber tenido la visión de importar un toro de raza “Durham” (Shorthorn) al señor John Miller, perteneciente a una distinguida familia de Inglaterra. No se conocen datos referentes a la fecha en que John Miller llegó a la argentina, pero se sabe bien que antes del año 1823 era estanciero de la provincia de Buenos Aires. Existen tres marcas en el Archivo General de la Nación, registradas por esa fecha en la política a nombre de John Miller para herrar los animales de su estancia “La Caledonia”. Volviendo al toro “TARQUINO”, diremos que muchos se han ocupado por concretar datos referentes a su introducción al país, coincidiendo casi todos en que la verdadera fecha en que el Sr. John Miller importa este toro es desconocida. Sin embargo, la idea más difundida es aquella que la indica entre 1823 y 1826.

Ahora bien, como no cabe la menor duda del establecimiento del Sr. John Miller antes del año 1823 y sabiendo que en el Herd Book Inglés hay varios toros inscriptos con el nombre “tarquin”, es muy probable que le primer “Tarquin” haya arribado entre 1823 – 1826, y que sea otro toro también con ese nombre el que haya llegado en 1836 cuando John Miller hace su viaje a Inglaterra. Son interesantes también los detalles que se desprenden de antiguos copiadores del archivo de la familia Martínez de Hoz, donde se encuentra en un copiador de cartas del libro Mayor “A”, que en el año 1836 ya existían vacas muy buenas que eran conocidas en dicho establecimiento con el nombre de “Talquinas” y en el mismo libro comercial del Sr. Martínez de Hoz dice más adelante, “...de una compra en una estancia cercana, a un señor ingles, de unas 30 vaquillonas Talquinas...”. Estos datos nos acercan mas a la referencias del señor Domingo Olivera, contemporáneo y amigo de John Miller, el cual atribuía la introducción de “Tarquino” entre el año 1823 y 1826. Lo cierto es que la descendencia de este toro se hizo celebre en la provincia de Buenos Aires, donde durante medio siglo fueron conocidas como “tarquino” o “talquinos” las haciendas vacunas que procedían de cruzas con dicha sangre. Según M. E. Stanwick, el pedigree de este toro responde a un animal criado por Mr. E. Moore, de Brandburton; era un colorado poco blanco H.B.I. 7580. Pero agrega, es prudente no afirmar mucho al respecto. Otros acontecimientos que debemos destacar fueron la introducción del alambrado por Ricardo B. Newton en 1849 y la caída de Rosas en 1852. El primero sirvió especialmente para la selección y mestización de las haciendas y cabañas en cuanto al derrocamiento de Rosas esto trajo el regreso al país de exiliados políticos y lo que fue de trascendental significado, la tranquilidad y garantía indispensables para encarar las obras de largo alcance como son la ganadería y la agricultura. El Sr. Juan N. Fernández, progresista ganadero, socio en saladeros de Alzaga y de Gervasio Rosas, hermano de Juan Manuel, importo en el año 1856 cuatro vacas y dos toros de Inglaterra para fundar con ellas la cabaña “Manantiales”.